Cuando niña, tenía fascinación por esas historias familiares que puedes escuchar una
y otra vez, que incluso las identificas con frases propias de la historia.
Mi abuela tuvo a su primogénito León, casi en paralelo a su cuñada Mirka,
que tuvo a Dora, y después de Dora tuvo a Anita.
Dos años más tarde mi abuela, nuevamente embarazada recibe
la fatídica noticia que su cunada Mirka, murió en un accidente de tránsito y sin dudarlo
decidió junto a mi abuelo hacerse cargo de la crianza de sus sobrinas.
Lo que no sabia es que su embarazo era de mellizas y cuando nacieron,
mi abuela se vio «de la noche a la mañana con cinco niños».
Generalmente, los embarazos de mellizos son algo genético. Cuando unos 70 años
después me dijeron que estaba esperando mellizos me sorprendí, pero muy dentro
de mí desde pequeña, tuve ese presentimiento, que cuando fuese madre, lo seria
de mellizos, total, esa es la genética de la familia.
Lo que no presentí, es que mi segundo embarazo, cuando estaba buscando a la niña,
seria un embarazo de trillizos: «de la noche a la mañana, me encontré con cinco niños».
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