
Al jugar Gems, el papá de Candy Crush, me di cuenta que había un equilibrio perfecto, en el que se acomodan perpetuamente las gemas para poder volver a alinear 3 o más.
Me fascinó percibir que la ley de probabilidades en este juego era la prueba de la existencia del Dios de Spinoza. Un Dios intrínseco en todas las cosas del universo. Un universo con sentido de bondad, en el que como en el juego, casi siempre se alinean las cosas para seguir jugando.
Programé una copia de este juego y me di cuenta que esta probabilidad se debía al número de tipos de gemas. Si se aumentaba el número de tipos de gemas, las probabilidades de alinear 3 gemas iguales se reducían.
Lo extrapolé a la vida y pensé que hay personas que juegan con un tablero con más tipos de gemas y otros con menos.
En una sociedad igualitaria todos juegan con siete tipos de gemas, mientras que en una sociedad con diferencias sociales unos tienen 9 tipos de gemas y otros 4.
Yo estoy feliz de haber cambiado al tablero Israelí.
