Al jugar Gems, el papá de Candy Crush, me di cuenta que había un equilibrio perfecto, en el que se acomodan perpetuamente las gemas para poder volver a alinear 3 o más.
Me fascinó percibir que la ley de probabilidades en este juego era la prueba de la existencia del Dios de Spinoza. Un Dios intrínseco en todas las cosas del universo. Un universo con sentido de bondad, en el que como en el juego, casi siempre se alinean las cosas para seguir jugando.
Programé una copia de este juego y me di cuenta que esta probabilidad se debía al número de tipos de gemas. Si se aumentaba el número de tipos de gemas…